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Un INTA con enormes desafíos.

A un mes y medio del cambio de gobierno quedan algunos cargos relevantes para completar en los equipos del Poder Ejecutivo, entre los que figuran -hasta hoy- algunas subsecretarías relacionadas con la Agricultura Familiar, y las nuevas autoridades del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria-INTA. Quizás en algunas otras áreas ocurra algo similar, pero mirando lo que más conocemos son inevitables preguntas en torno a las dificultades para definir estrategias y ejecutores, más allá de la emergencia.


Agricultura Familiar

Sólo a último momento se definió quién iba a ser el Ministro de Agricultura, responsabilidad que recayó en un seguidor de Gildo Insfran, Luis Basterra, diputado de la Nación; el perfil político y el “padrino” formoseño se impuso en el “cabeza a cabeza” con Gabriel Delgado, técnico del INTA y ex Secretario de Agricultura en el gobierno de Cristina Kirchner. Poco tardó Basterra en nombrar a sus principales colaboradores, tratando de sumar aliados y/o neutralizando potenciales enemigos.

Como Secretario de Agricultura Fliar., Coordinación y Desarrollo Territorial se designó a Miguel A. Gómez, del Movimiento Evita, siendo más lento el proceso de designación de los Subsecretarios, donde no faltan las pujas entre los representantes del Evita, el MTE, la UTT y otras organizaciones. Las mismas se reproducen en cada una de las provincias, donde –además- debe acordarse con las autoridades locales el delegados de la Agricultura Fliar.

Trabajar priorizando la reglamentación y financiamiento de la Ley de Agricultura Familiar –para no repetir los errores del 2015- e impulsar los restantes puntos del “Programa del Foro por un Programa Agrario Soberano y Popular”, no parece suficiente cuando cada uno trata de fortalecer el poder territorial logrado en los últimos años. Fue más fácil “resistir” juntos al macrismo, que construir ahora armoniosamente.


INTA ¿ahora qué?

¿Quiénes van a ser los representantes del Poder Ejecutivo en la conducción colegiada del INTA donde, desde su creación en 1956 predomina la lógica empresarial – expresada actualmente por una “Comisión de Enlace” con idas y vueltas y los grupos CREA- y una visión coherente con la del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustria-PEA2 2010-2020. Es muy limitada –en todos los aspectos- la participación de las universidades. No participan los agricultores familiares, ni los asalariados sin tierra; tampoco las agroindustrias ni los consumidores. Sólo en algunas Regiones, en el Instituto para la Investigación para la Pequeña Agricultura Familiar-IPAF- y en los Consejos Asesores de las Agencias de Extensión estuvieron presentes algunas voces de la agricultura familiar.

¿Porqué el INTA estuvo tanto tiempo acéfalo? ¿Es posible que ello sólo se explique por la necesidad de consensuar una candidata a Presidenta o “Vice” , o un binomio que represente a alguno de los grupos mayoritarios en pugna? Nos gustaría pensar que hubo motivos más de fondo relacionados con la incertidumbre ante la propuesta estratégica que cada candidato/a se proponía impulsar, sus objetivos, propuestas y valores, su visión del desarrollo nacional y agrario-rural y de las orientaciones, partiendo de una nueva emergencia.


Nada fácil la tarea a enfrentar por el INTA, arrastrando los ajustes del último quinquenio, con un presupuesto 2020 desconocido, no pocos cargos gerenciales y de coordinación en manos de técnicos poco comprometidos con la transformación agraria, reducida tolerancia al disenso y la participación social. Algunas líneas no están en duda, sobre todo si la lucha contra el hambre se convierte en una Política de Estado. La valiosísima experiencia acumulada con el Pro-Huerta, proyectos de abastecimiento local y apoyo a iniciativas relacionadas con la agricultura familiar y la seguridad alimentaria permiten prever rápidos avances. Pero no terminan allí los desafíos.


Es alarmante para una sociedad democrática la concentración que se registra en todos los niveles de las cadenas agroalimentarias y agroindustriales, desde la producción primaria hasta el abastecimiento interno y la exportación. Crece la desigualdad en la sociedad en general y en el agro, conjuntamente con la incertidumbre generada por la superposición de crisis que conmueven al mundo, los dramáticos impactos del Cambio Global. Seguramente se conoce hacia dónde ir, pero ello no pasa de ser una expresión de buenas intenciones en un mar de urgencias y condicionantes.

Solo dos ejemplos. El gobierno tomó al “campo” y a la agroindustria como uno de los tres sectores que estaba en mejores condiciones de contribuir a la atenuación de la crisis y aumentar las exportaciones y el ingreso de divisas, pero rápidas y duras reacciones hicieron evidente –más que el rechazo de alguna medida- la decisión de “autoconvocados” y activistas de la “Mesa de Enlace” de enfrentarse con quienes no votaron y que, además, consideran como un “enemigo”. Por otra parte Alejandro Petek, dirigente de la Asociación Argentina de Siembra Directa-AAPRESID, en el reciente 30° Congreso de esa entidad, afirmaba: “En 1989 AAPRESID sentó las bases de un nuevo paradigma agrícola. Hoy, 30 años después queremos repetir la hazaña. Pero para eso es momento de dejar de pensar en lo simple, de funcionar como compartimentos y eslabones aislados. Estado, ciencia, campo, industria, sociedad, tienen que trabajar juntos. Necesitamos de la interacción, de las alianzas, del trabajo interdisciplinario”.

No solo eso. Resulta ser evidente ahora que no estaban tan errados los loquitos que reclamaban, ni los técnicos que lo fundamentaban: ”El monocultivo y la simplificación del manejo que provocaron la degradación de los suelos y la caída en su fertilidad, la pérdida de biodiversidad y la creciente dependencia de insumos químicos…”Entendimos que como todo ecosistema la agricultura se rige por una compleja red de interacciones que involucran múltiples componentes; y que para entender su funcionamiento y mantener su delicado equilibrio debíamos incorporar principios de la Ecología. Debíamos dejar de pensar en lo simple. Debíamos devolver a la naturaleza los recursos que ella nos ofrece y ayudarla a mantener activos y sin pausa los ciclos biológicos y minerales. Hacerla nuestra aliada, apostando a una agricultura diversa, siempre viva, siempre verde…”También aprendimos que la población es cada vez más consciente de los problemas ambientales, y exige conocer la calidad y el origen de los alimentos que consume”

¿Habrá llegado el momento de comenzar a hablar sin vergüenza de la necesidad de un desarrollo económica, social, ambiental, cultural, política y éticamente sustentable? ¿De cuidar el manejo y la vida del suelo y el agua? ¿de democratizar el acceso a los bienes naturales y distribuir con justicia la riqueza generada? ¿de que la “crisis civilizatoria” que atraviesa la humanidad exige valores distintos a los que imponen los mercados?




REDACCIÓN CALISA FAUBA


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