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LINEAMIENTOS PARA LA AGROECOLOGÍA.

Propuestas desde el MAGYP


Veníamos diciendo que la “agroecología” está cada vez más “de moda”, algo para alegrarse, ya que es una demostración de cómo se están haciendo evidentes algunas necesidades; también así se comienza a reconocer la esforzada lucha sostenida de organizaciones, movimientos, programas públicos, emprendedores y educadores -en muchos casos hace dos o más décadas- de las que surgen numerosos aprendizajes.


En este avance, parece que también le llegó el turno al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación-MAGYP, en el que se confirmó el nombramiento “…con carácter transitorio, a partir del 1° de febrero de 2021 y por el término de 180 días hábiles” del Ing. Agr. Eduardo Cerdá como Director Nacional de Agroecología-DNA, lo que le permitirá al mismo hacerse cargo formalmente de las funciones que venía intentando cumplir hace más de un año. Esta nueva DNA depende de la Secretaría de Alimentos, Bioeconomía y Desarrollo Regional, donde posiblemente se encuentren representadas buena parte de las contradicciones existentes en el gobierno referidas a la producción agraria y al sistema agroalimentario argentino.


La situación expuesta constituye un indicador más de las dificultades que se enfrentan para revertir el modelo económico e ideológico que se fue haciendo hegemónico en el país en los últimos cincuenta años. Por si hiciera falta, un ejemplo cercano más: la “Ley de Reparación Histórica de la Agricultura Familiar para la Construcción de una Nueva Ruralidad en Argentina”-“Ley de Agricultura Familiar” 27118/2015 lleva más de seis años sin ser Reglamentada por el Ministerio de Agricultura de la Nación.


Aunque no todos coincidimos en que la “revolución” transgénica”, las pulverizaciones masivas y la codicia de algunos integrantes del mundo del “agronegocio” están lejos de conformar una base adecuada para el desarrollo nacional, acordamos con el Ing. Cerdá en que la agroecología “…le recontra conviene a Argentina, porque puede tener productos con los mismos o mejores precios -por los menores costos- y eso sería beneficioso para la balanza comercial, con más divisas para el país”… pero no sólo eso, la agroecología “ayuda a eliminar costos ocultos de los que nadie habla: costos ambientales, deterioro de los suelos, pérdida de nutrientes de los alimentos y la biodiversidad”, y no sólo eso, agregaríamos nosotros: hay muchos otros costos -como las consecuencias directas e indirectas en la salud humana, el trabajo y el bienestar, en el incremento de la pobreza y las desigualdades, en la concentración de la riqueza y del poder- que están asociadas a este modelo extractivista de uso de los bienes comunes.


Lineamientos de la Dirección Nacional de Agroecología

A partir de abril 2021 comenzaron a sintetizarse aspectos básicos de la posible gestión, lo que permitió formular un valioso “Documento en proceso” donde se bosquejan “Lineamientos conceptuales y metodológicos de la propuesta programática de la Dirección Nacional de Agroecología”; allí se exponen el marco teórico, el contexto, los objetivos estratégicos, lineamientos políticos y programas del “Proyecto Agroecología 2030” a desarrollarse en el “…marco de una política pública orientada a visibilizar, fomentar y consolidar un modelo agroalimentario basado en los principios agroecológicos, desde un enfoque participativo”.


En su marco teórico se destaca que “Las tres manifestaciones de la agroecología (ciencia, práctica y movimiento social) presentan interrelaciones entre sí y una coevolución entre ellas que constituye un enfoque holístico (Agroecología Europa 2017; Gliessman 2018). Esto coincide con que la agroecología se describe cada vez más como un enfoque transdisciplinario , participativo y orientado a la acción (Mendez el al. 2013; Gliessman 2018) en las ciencias ecológicas, agrícolas, alimentarias, nutricionales y sociales” . “La agroecología constituye un paradigma superador en términos productivos, sociales, ambientales, económicos, filosóficos y espirituales…”

Más allá de las conceptualizaciones, el contexto internacional -los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, manifestaciones de la FAO y de la Comisión Europea, por ejemplo- y nacional no puede estar ausente, apoyado en algunos casos en los datos del Censo Nacional Agropecuario, trabajos relevantes que documentan la crisis agraria actual y sus consecuencias, y las líneas de trabajo de organismos públicos, cátedras universitarias, redes y organizaciones sociales. La economía social con su trama sobrevuela el texto, pero no es explicitada en su trascendencia.


Lineamientos políticos y Programas

Destacamos la visión holística del sistema agroalimentario, lo que implica una “mirada del sistema en su totalidad, desde la producción hasta el consumo, y reconocer la existencia de una amplia red de actores que se vinculan a distintos niveles políticos y espaciales…” (por lo que) “…Esta complejidad del sistema agroalimentario, requiere un abordaje que articule, integre y movilice la participación de los actores, respetando aspectos sociales, ecológicos, políticos, económicos y culturales de cada territorio”. En consonancia, nos parece innovador y muy necesario para fortalecer redes, dar sustentabilidad a la propuesta y avanzar hacia el Objetivo Principal, el “Plan Participativo de Agroecología” propuesto, cuyo Objetivo es “construir conocimiento estratégico para la visibilización, el fomento y la consolidación de la agroecología”.


Felicitamos y agradecemos!


Felicitamos -y nos felicitamos- por la formalización de la DNA en el MAGYP; una puerta más, abierta tras muchísimos esfuerzos, que debe enfrentar un desafío enorme en un país en profunda crisis y ante escenarios complejos.


Un paso en la construcción de las alternativas necesarias para lograr un país más soberano y justo para todxs, que asume el arduo debate que se está dando en el Estado, en el gobierno y en todos los territorios, tratando de vincular las respuestas a la emergencia con alternativas sustentables de desarrollo. La magnitud de las dificultades requiere de creatividad, compromiso y capacidad de gestión, pero también de una gran capacidad de escucha, cuidado de la participación y una fuerte -y nada simple- articulación con los organismos públicos, actores políticos y sociales.