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La tierra es lo primero para los agricultores familiares de los periurbanos

Cuando la emergencia sanitaria sigue condicionando -y cuestionando- tan fuertemente la vida familiar y la dinámica económica, social y ambiental de nuestra sociedad y la sociedad mundial, hablar de los problemas de nuestro “campo”, de los modelos productivos, del trabajo rural, o de la agricultura familiar pareciera una forma de sacarle el cuerpo a las necesidades más apremiantes. Nada de eso; sin subestimar la crisis estructural y las condiciones en las que ya estábamos, nos duele sobre todo el hambre y la malnutrición de más del 50 % de los habitantes. Vemos con impotencia que los esfuerzos del Estado y otros actores son insuficientes; que los comedores no dan abasto; que los “bolsones” con alimentos no llegan a todos los necesitados.


Por eso creemos que debe hablarse del “campo”, de los agronegocios -y de Vicentin- de la soberanía alimentaria y de las familias que trabajan la tierra, cuya presencia fue muy notoria en esta cuarentena; eso hizo más evidente entre la población urbana uno de sus aportes fundamentales: su capacidad productiva, su solidaridad y compromiso con la alimentación saludable.


Ahora bien, es muy amplia y diversa la situación de quienes trabajan directamente la tierra en todos los territorios del país, aportando a la vida y desarrollo de los mismos. Entre esas 200 mil familias existen diferencias de todo tipo: disponibilidad de tierra, otros bienes naturales y de capital; producción; organización del trabajo; relación con los mercados; cultura; grado de organización; etc. La discriminación y las crisis siguen golpeándolos y resisten sin ir a hacinarse en ciudades que no le brindan bienestar ni trabajo. Muchos reclaman persistentemente ayuda con alimentos para subsistir.


Más allá de los discursos, numerosas Leyes Provinciales, programa o proyectos a nivel local, provincial o nacional referidos directa o indirectamente a la Agricultura Familiar: ¿porqué no se reglamenta la Ley 27.118/2015 de “Reparación Histórica de la Agricultura Familiar” -que declara “de interés público la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena” y, luego se aplica esta Política de Estado, con un presupuesto acorde con la integralidad y magnitud de las transformaciones requeridas?


Periurbanos y tierras para la producción

En esta pandemia los municipios cercanos a las ciudades pudieron dimensionar en muchos aspectos los aportes de los agricultores familiares a la alimentación. Ello permitió reactualizar debates, lineamientos y proyectos tendientes a reconvertir y dinamizar a la agricultura familiar, convirtiéndola en un eje de la alimentación saludable, el trabajo y el desarrollo.


Un Proyecto de Ley sobre “Periurbanos Productivos” caracteriza la situación y orienta líneas de trabajo a nivel nacional, que también responden a lo que está pasando en el periurbano bonaerense. Si bien cada municipio es un mundo, existen problemáticas similares, instituciones, experiencias y actores en los territorios sobre las que podría establecerse un Programa Municipal de Agricultura Urbana y Periurbana, íntimamente relacionado con otras iniciativas de atención a las necesidades básicas, seguridad alimentaria, compras públicas, generación de empleo, cuidado del ambiente y la vida que deben estar integradas también a las políticas de Estado.


Como concepción general estos Programas Municipales deberían fortalecer la actividad productiva de las familias, el trabajo digno y un mayor cuidado del ambiente, por lo que debe avanzarse en la transición a modelos de producción agroecológica -reconvirtiendo los actuales modelos productivos basados en agrotóxicos. Se trata de agregar valor, pero también -y fundamentalmente- de agregar valores.


El agregado de valor económico está relacionado con la elaboración y comercialización de los alimentos, a lo que pueden contribuir muchísimo las “Pequeñas Unidades Productivas Alimenticias”-PUPAS, empaques, salas de faena y fraccionamiento de la producción tanto de animales como vegetales, etc. El agregado de valores requiere mayor organización, solidaridad y participación.


Volviendo a la producción primaria de alimentos saludables, la ampliación, diversificación y seguridad, requiere acelerar la transición agroecológica, algo imposible si no se contempla la asistencia técnica, la capacitación, el financiamiento, la provisión de semillas y bioinsumos, el seguro contra riesgos y el mejoramiento del hábitat en general. Todo eso debe ser parte de en un programa integral.


La tierra para la producción es lo primero

En los Programas Municipales de Agricultura Urbana y Periurbana hay que hablar de la tierra, de lo deseable -su democratización, lo que implica una profunda reforma- y de lo posible aquí y ahora. Lo urgente en nuestros municipios requiere actuar ya en la regulación de las condiciones de acceso, estabilidad y renta de la tierra para la producción, pero a la vez pero también es factible instalar parques huerta y emprendimientos asociativos de distinta índole sobre tierras privadas contratadas al respecto, o sobre las tierras públicas disponibles.


Sin tierra no hay producción familiar de alimentos; sin tierra dejaríamos exclusivamente a las corporaciones la alimentación y la salud de nuestras familias.





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