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El “Viaje a los pueblos fumigados” sigue sin pausa.

El “Viaje…” y el posterior panel SI pueden considerarse un hito, por lo masivo y crítico del espacio generado. También, porque seguramente va a multiplicar encuentros de reflexión y propuestas más activos y audaces.

El manifiesto deseo de sectores de la Facultad de Agronomía de Bs. Aires-FAUBA se pudo concretar en alguna medida. El 27 de setiembre más de 400 personas participaron en su presentación y el posterior panel sobre el Modelo Agrario en Argentina; muchísimas manos levantadas pidiendo la palabra evidenciaron cuantos eran los deseaban sumarse al debate.

Algunos vivieron esta actividad como un hecho histórico, otros como un lógico resultado de procesos que se vienen dando en la sociedad mundial y argentina y que también se expresa en la FAUBA. Aunque abrumen, golpeen y cuestionen, los testimonios que recoge la “Visita” no son novedosos; ejemplifican algunas de las dramáticas situaciones que se viven en nuestros territorios; ponen voces y muestran aspectos del deterioro, el sufrimiento y los problemas de salud que provoca el “modelo”. Un “campo”, el de los “agronegocios”, al que algunos sólo atribuyen crecimiento productivo, récords de exportación e ingresos de divisas y, por lo tanto, estaría derramando bienestar y felicidad.

El “Viaje a los pueblos fumigados” no es un “montaje”, donde actores y “extras” contratados actúan en función de un argumento. Son seres humanos concretos, situaciones reales, palabras sentidas. Esto es cierto, ocurre aquí y ahora en nuestra patria; ellos son nuestros hermanos y ciudadanos a los que se les niegan o destruyen derechos fundamentales, como a la alimentación adecuada, al ambiente sano, a la libertad, a la vida; expresan algo que les pasa, pero que también nos está pasando a cada uno de nosotros, a cada uno de nuestros hijos, familiares, amigos, vecinos. Nos guste o no; aunque siga el silencio de los responsables, sus socios y de los que miraron y prefieren seguir mirando para otro lado.

Los políticos, funcionarios, comunicadores, “científicos” “serios”, académicos y empleados de grandes empresas quieran seguirlo negando, las consecuencias son múltiples. Sin embargo nos falta profundizar en el análisis de las causas, porque sino va a ser muy difícil encontrar alternativas que sirvan a un desarrollo justo, económica, social, ambiental, cultural, política y éticamente sustentable.

¿La culpa es del monocultivo, de la soja, de las plantaciones de pinos, del tabaco, de los vacunos de los feed-lot, de las hortalizas contaminadas? No. Las causas hay que buscarlas en un Sistema Agroalimentario y Agroindustrial argentino profundamente articulado con un Sistema Mundial, donde son cada vez menos las corporaciones y grupos que toman las decisiones. No estamos imaginando, sobra documentación al respecto a nivel internacional y nacional.

Son múltiples las voces que se alzan en los foros y organismos de las Naciones Unidas; la encíclica “Laudato Si” del Papa Francisco es terminante; los reclamos de los movimientos y organizaciones sociales son cada vez más reconocidos; incluso grandes corporaciones lo admiten, tal como se vio en Davos este año. El deterioro ambiental planetario es evidente y la Crisis Global nos amenaza a todos; el hambre de muchos y la malnutrición y enfermedades no transmisibles de muchos más son denunciados por los organismos multilaterales de la salud. Argentina no es la excepción y es urgente repensar su “modelo agrario”, no solo para revertir sus consecuencias negativas sino para democratizar el acceso a los bienes naturales y a la alimentación adecuada.

¿Es un hito que el “Viaje…” se haya presentado en la FAUBA y que un panel posterior haya reflexionado sobre diversos aspectos del “modelo”? Puede verse así, pero no es la primera vez que se conversa de estos temas; en distintas carreras y cursos se reflexiona sobre el “modelo” y sus impactos ambientales y sociales; agrupaciones estudiantiles, de graduados, investigadores y docentes cuestionan y se plantean alternativas de distinta índole y a diversas escalas. El “productivismo”, la producción orgánica, la agroecología, la seguridad y soberanía alimentaria de la población, la necesidad de agregar valor –y sobre todo otros “valores”- estuvo y está presente en programas y proyectos. No todo es “agronegocio” insensible y cortoplacista, aunque la timidez y desarticulación con la que se expresan las críticas y propuestas hace que pueda visualizarse así.

El “Viaje…” y el posterior panel SI pueden considerarse un hito, por lo masivo y crítico del espacio generado. También, porque seguramente va a multiplicar encuentros de reflexión y propuestas más activos y audaces.

Por eso, muchas gracias a los grupos y equipos que con su trabajo permitieron concretar este “27 de setiembre”. Por eso, muchas gracias también a los estuvieron o hubieran deseado hacerlo; su presencia refuerza la convicción de que podemos transformar esta realidad.




Redacción CALISA FAUBA



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