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Cien años de la Reforma Universitaria de 1918

En cien años es mucho lo aprendido y lo que se necesita cambiar para que le educación sea un derecho para todos. Este es un profundo desafío para las Universidades Públicas de América Latina, enfrentadas a la creciente desigualdad y al avance del neoliberalismo.

La Universidad Pública que conocemos es el resultado de la profunda transformación que impusieron los estudiantes cordobeses en 1918 - cansados de la autocracia de los profesores, el clericalismo y el patriarcado- conductas y valores que se correspondían con el modelo de sociedad que se propugnaba entonces. Con la Revolución Rusa como telón de fondo, fue posible pensar en una educación superior que respondiera a las necesidades de una sociedad nacional distinta.

El gobierno de 1949 la transformó luego en gratuita. Marchas y contramarchas en torno al ingreso irrestricto fueron parte de las luchas por su democratización; con los cambios que se fueron sucediendo en las Universidades la sociedad tuvo una vergüenza menos, pero resta mucho para lograr su real democratización.

La campaña de desprestigio de los últimos tres años, el desplazamiento de sus técnicos en la gestión de políticas públicas, menor presupuesto, amenaza de arancelamiento, avasallamiento de la autonomía y crítica permanente, no constituyen señales alentadoras para la Universidad ni para el Sistema de Ciencia y Técnica en general. Tampoco el reciente acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Conquistar una educación superior para todos, democratizando el acceso a la Universidad, implica vivir en un país distinto; el modelo científico y cómo se construyen los conocimientos tienen que ver con el modelo de país que se busca. El conocimiento científico no es el único conocimiento existente en nuestras sociedades por lo que el diálogo de saberes está en la base de la imprescindible transformación social.

La autonomía universitaria es clave para democratizar la Universidad, pero esa independencia no puede ser para cualquier objetivo, como podrían ser convenios o servicios que atenten contra el bien común; hay que trabajar en contra de lo que algunos modelos nos demandan. Debemos ser autónomos en relación a los mercados y a los organismos internacionales, pero autonomía implica también una profunda articulación con los movimientos y organizaciones sociales, porque debemos contribuir activamente al logro de sociedades más igualitarias.

Es necesario “que la Universidad se vista con los colores del pueblo”, con los múltiples y diversos colores de nuestro pueblo, para lo que se requieren muchos cambios. El viejo concepto de Extensión fue ampliamente superado, e incluso a algunos nos avergüenza; no se trata entonces de tener las “puertas abiertas” para que “salgan los conocimientos elaborados”, sino de tener las “puertas y los corazones abiertos” para que entren los conocimientos y necesidades de nuestros pueblos.


Redacción CALISA FAUBA


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