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Aprender, reflexionar y educar para la vida

El COVID-19 y el “aislamiento social” seguramente pasarán, pero no ocurrirá lo mismo con otras pandemias preexistentes, como las del sobrepeso/obesidad, efectos del uso de agroquímicos, el consumismo, el individualismo, el HAMBRE, una pandemia en nuestro país y el mundo. Sin embargo, el aprendizaje y las reflexiones que impulsó esta pandemia seguirán acompañándonos, a nosotros, a nuestras familias, a nuestra patria y a todos los habitantes de la Madre Tierra incluyendo por supuesto a la Universidad Pública y a la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, que la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria-CaLiSA integra desde hace nueve años.


Los Mercados cada vez más globalizados, donde los “valores” se mueven con objetivos que poco se corresponden con el bien común. La tierra, el agua, la biodiversidad, los combustibles, los minerales, las armas, los medicamentos y los alimentos parecen seguir la misma lógica.

Crece la oferta mundial de comestibles y se magnifica la especulación con los precios de venta, mientras más de 800 millones de personas sufren hambre y desnutrición y más de dos mil millones están malnutridos. Esta crisis alimentaria-nutricional se superpone con otras crisis - económico-financiera, de los combustibles, del empleo y Climática Global- lo que permite hablar de una “crisis civilizatoria” que abarca todos y cada uno de los ámbitos de la vida y la cultura en el Planeta.


Casi cuatro décadas de gobiernos elegidos democráticamente no han logrado reducir significativamente en Argentina hirientes desigualdades en la distribución de la riqueza y el acceso a derechos básicos. En nuestra patria en los últimos años se agravó la situación, lo que alcanza incluso la alimentación-nutrición de todos los habitantes, una problemática que va mucho más allá de alguna nueva “revolución productiva” o de la aplicación de algún “paquete” tecnológico innovador.

Hambre, desnutrición, pobreza, indigencia, inseguridad alimentaria, etc. motivaron permanentemente Proyectos, Programas y Planes Públicos de distinta índole, integralidad y escala territorial, pero fueron insuficientes, y lo seguirán siendo todos los intentos si no se efectúan transformaciones estructurales.


Deben analizarse y comunicarse las interrelaciones y las relaciones de poder en el Sistema Agroalimentario y Agroindustrial, evaluando críticamente los modelos de producción, elaboración, circulación y consumo de alimentos y principalmente el rol del Estado. La democratización de este sistema constituye un requisito básico para lograr un desarrollo económica, social, ambiental, cultural, política y éticamente sustentable.

La Educación Pública no puede ser sólo “receptora” o mera “transmisora” de estos análisis, que tocan en forma muy directa a las Facultades de Ciencias Agrarias, la FAUBA entre ellas. Por eso consideramos que, dada la creciente y generalizada crisis que vivimos en la Madre Tierra, que incluye a la Argentina, todas las Instituciones Educativas deben incluir el cuidado de todo lo que existe y vive. Sin ese cuidado, no garantizaremos una sostenibilidad que permita al planeta recomponer su vitalidad, los ecosistemas su equilibrio y nuestra civilización, su futuro.


No alcanza lo que vinimos haciendo; tampoco alcanzaría educar sólo para el pensamiento crítico y creativo, si no educamos en la responsabilidad y en el cuidado del futuro común de la humanidad y de la Tierra. Una educación que no incluya el cuidado activo de la vida, es una educación alienada y poco responsable.

Es necesario coraje para sostener que la civilización occidental está en declive, sin capacidades para ofrecer una alternativa a un proceso de mundialización que nos lleva al desastre, emergencia tras emergencia, crisis tras crisis. Coraje para asumir que los tiempos son críticos; coraje para aceptar que en nuestros jóvenes y en las organizaciones y movimientos sociales de nuestros países no sólo existen apremiantes necesidades, sino que en ellos crece la conciencia, responsabilidad, solidaridad y capacidad transformadora; coraje para tender las manos y para aferrar las manos que se nos ofrecen; coraje para superar lo burocrático o académicamente “posible” e impulsar lo necesario, con la mirada, el corazón y el trabajo puesto en un futuro que se nos está viniendo dramáticamente encima.

Consideramos que el horizonte debe ser la Soberanía Alimentaria, es decir el derecho de todos los pueblos, Naciones y Estados a definir sus sistemas alimentarios y sus políticas, asegurando a cada ser humano alimentos de calidad, adecuados, accesibles, nutritivos y culturalmente apropiados. Ello incluye el derecho de los pueblos para definir sus formas de producción, uso e intercambio, tanto a nivel local, como internacional, haciendo que el alimento deje de ser mercancía e instrumento de dominación.

Construir la transición hacia la Soberanía Alimentaria es priorizar la alimentación como eje de un desarrollo realmente sustentable, lo que implica desarrollar estrategias que promuevan la agroecología y la economía social, solidaria y popular. Educar para la alimentación y la vida, implica ampliar creativamente y con coraje la teoría y la práctica de la Soberanía Alimentaria, avanzando en la democratización del Sistema Agroalimentario.

Buenos Aires, 6 de mayo de 2020




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