Buscar

Ahora le tocó al Monotributo Social Agropecuario

Las razones reales, en cambio, apuntan a seguir “sacándose de encima” a los agricultores familiares, incapaces –según muchos funcionarios- de generar una producción competitiva en esta economía de mercado globalizado; “inviables” se dijo antes.

En Argentina hay más de 200 mil productores agropecuarios, aunque no sabemos muy bien cuántos, porque desde 2002 no hay datos serios; seguramente en setiembre próximo se concretará un nuevo Censo y podremos disponer de datos actualizados. Pero de algo estamos seguros: hay menos productores, porque los pequeños productores familiares, campesinos o como querramos llamarlos, se siguieron yendo del campo.

Los que trabajan con su familia no pueden seguir soportando la falta de tierras y de apoyo por parte del Estado. La mayoría ama vivir en el campo, trabajar en la tierrita que le dejan las grandes empresas, pero sigue pobre y, muchas veces, no saca ni para comer

¿Exageramos? ¿Nuestra crítica no ayuda a construir? No es cierto… queremos construir, pero con justicia y solidaridad. La hacemos en base a conocimientos que no se pueden ocultar tras los récords productivos o el ingreso de divisas y que nadie puede negar.

Es engañoso hablar del CAMPO, como si sólo hubiera uno, tal como afirman dirigentes agrarios, e incluso el Ministro de Agroindustria y ex presidente de la Sociedad Rural Argentina. Está claro que no es así, como lo vieron y sintieron el 18 de julio quienes entraban a la Exposición de esa entidad y se encontraron con el “verdurazo” de las mujeres y hombres que luchan por seguir viviendo y trabajando en LOS CAMPOS de todo el país. Y tratan de hacerlo incluso a pesar de políticas públicas discriminatorias y excluyentes.

Sobran ejemplos recientes para demostrar la discriminación: la no reglamentación de la Ley de Agricultura Familiar y desfinanciamiento para organismos y programas relacionados; discontinuidad de proyectos; cesantía de técnicos altamente especializados; incumplimiento de numerosas leyes y desatención de derechos básicos; tolerancia estatal –cuando no complicidad- con los desalojos de pobladores.

A todo eso se sumó a fines de junio una nueva medida: la eliminación del Monotributo Social Agropecuario-MSA, un beneficio lanzado en 2009 que alcanzaba a más de 50.000 productores y a integrantes de sus familias. Este MSA era una herramienta que permitió entrar a la economía formal a muchos que sólo podían vender a través de intermediarios. Además, todos los que vendían o facturaban menos de $ 72 mil por año podían disponer de obra social y jubilación.

Si no se logra revertir esta medida, se perderá el derecho a la salud y se incrementará la informalidad al no poder regularizarse el trabajo productivo; eso implica vender “en negro”, imposibilidad de jubilarse, más pobreza rural y mayor éxodo. Todo lo contrario al arraigo, afianzamiento de la seguridad y soberanía alimentaria, calidad de vida y desarrollo local.

De enero en adelante - si se reempadronaran en los plazos establecidos- los actuales inscriptos en el MSA pasarían a ser parte del Monotributo Social que depende del Min. de Desarrollo Social; en ese caso deberían pagar, 268 $ por mes, más el aporte a la obra social para familiares con más de 18 años, unos 1500 $/mes para una familia con tres hijos, lo que es imposible para muchos.

Causas de la medida

Las razones aparentes que justificarían esta arbitrariedad serían algunos casos de corrupción, y un ajuste, que permitiría ahorrar unos 12 millones de dólares por año, valor mínimo en relación a la contribución de los participantes en el MSA.

Las razones reales, en cambio, apuntan a seguir “sacándose de encima” a los agricultores familiares, incapaces –según muchos funcionarios- de generar una producción competitiva en esta economía de mercado globalizado; “inviables” se dijo antes. No se conocen ni reconocen los múltiples servicios que, además de la producción, estos sectores brindan a toda la sociedad. Todo lo contrario a lo que sucede con los organismos de las Naciones Unidas, quienes los consideran claves en las políticas alimentarias, atenuación del Cambio Global y en el desarrollo sustentable.

Para nuestro Ministerio de Agroindustria no se trataría de excluir a un sector productivo, sino de “poner la casa en orden” y pasarlos al área del Estado que debe atenderlos. Por ser un sector vulnerable -o mejor dicho “vulnerado”- corresponde que sean atendidos el Min. de Desarrollo Social. El Ministerio de Agroindustria está para otra cosa; su tema son los Agronegocios.

Por eso no podemos justificar ni aceptar el nivel de violencia y exclusión que implica lo decidido por la Secretaría de Agricultura Familiar del Min. de Agroindustria. Ningún ajuste puede justificar tanta violencia; no podemos aceptarlo.




Redacción CALISA FAUBA


#SoberaniaAlimentaria

#ProduccionFamiliar

#MonotributoSocial

#Derechos

#Agroindustria

#CALISAFAUBA

139 vistas
CONECTATE

Facultad de Agronomía - UBA

info@calisafauba.com

NUESTRAS REDES
  • Gris Icono de YouTube
  • Gris Facebook Icono

Consumidores activos, productores comprometidos

© 2018  Equipo de Comunicación CALISA

  • Negro del icono de YouTube
  • Black Facebook Icon