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AGRICULTURA FAMILIAR. ¿Discriminada y en extinción?

El control de la alimentación y de la vida en los territorios es fundamental, por lo que una “agricultura con agricultores” permitiría generar trabajo digno, cuidar los bienes naturales y democratizar la producción; generar y promover el acceso a alimentos saludables a toda la población.

Es imposible analizar las características de las transformaciones que se sucedieron históricamente –y las actuales- en las áreas rurales y en el sector agrario, sin considerar que la “agricultura familiar” y la “empresarial” expresan realidades que de hecho constituyen dos “caras” de una misma moneda: el avance del capitalismo en el agro.

Si bien reconocemos las principales características de la agricultura empresarial (el lucro como principal objetivo) no pasa lo mismo con la AF. ¿De qué y de quiénes estamos hablando? Hablamos de un sector diverso productiva, social y culturalmente, ligado a todas las producciones y territorios; los productores familiares, pequeños productores, campesinos, indígenas, minifundistas, medieros, chacareros, tamberos, ganaderos, pescadores artesanales, etc. son las 2/3 partes de los productores agrarios de Argentina.

No existe una definición única de la “agricultura familiar”, ya que se trata de una construcción social, por lo que cualquier definición debe ser analizada en el contexto histórico en el que fue elaborada. Lo mismo sucede con las diferenciaciones y tipologías que buscan expresar la heterogeneidad existente. Comenzamos a hablar de AF recién desde mitad de 1990, pero estos productores existían desde mucho antes.

La concepción más utilizada de agricultor/agricultora familiar se asimila a la de “Pequeño Productor” utilizada en el estudio del IICA-PROINDER (2006) con datos del Censo Nacional Agropecuario-CNA del 2002. AF es quien dirige una Explotación Agropecuaria y trabaja directamente en la misma; no emplea “trabajadores no familiares” en forma permanente, aunque puede hacerlo de manera ocasional; su forma jurídica no es la “sociedad anónima” o “comandita por acciones”.

En 2008 el Foro Nacional de la Agricultura Familiar-FONAF define a la AF como: “una forma de vida” y “una cuestión cultural”, cuyo objetivo es la “reproducción de la familia en condiciones dignas”; la mayor parte del trabajo es aportada por los miembros de la familia, la propiedad de los medios de producción (aunque no siempre la tierra) pertenece a ella y, “ es en su interior que se realiza la transmisión de valores, prácticas y experiencias…”

Menos y con menos presencia en los mercados

Las profundas transformaciones de las últimas décadas también influyeron en la AF. Podría decirse que –con la excepción de algunos períodos- desde fines de 1970 se profundizó la discriminación negativa, situación que mantuvo elevados grado de pobreza y aceleró la migración rural. Su contribución a los mercados de productos y de trabajo fue disminuyendo, lo mismo que el número de unidades productivas. Aunque nos duelan las declaraciones del Ing. Hardie, el “destructor” de la Sec. de Agricultura Familiar (2018), tiene razón cuando afirma que la crisis venía de antes; expulsar a los técnicos y desfinanciar las políticas, seguro que no la revierte. Una “Ley de Agricultura Familiar” reglamentada y con recursos podría haber atenuado el proceso, pero sin cambios estructurales más profundos no se hubiera revertido la tendencia.

Según el CNA 2002, las EAPs Fliares. eran unas 219 mil, con 23,5 millones de ha en total y producciones destinadas sobre todo al mercado interno; trabajaban el 13 % de la superficie agropecuaria del país, generaban el 18 % del Valor Bruto de la Producción Agropecuaria y ocupaban el 53 % de la mano de obra permanente del sector. En el 50 % de ellas, los ingresos generados no cubrían ni siquiera las necesidades básicas.

Constituye un universo heterogéneo; según el capital disponible pueden reconocerse tres “tipos”, pero no terminan allí las diferencias, ya que también se trata de un sector diverso en cultura, relación con los bienes naturales, organización, participación, etc.

La AF es estratégica para el desarrollo rural y nacional

Los aportes de la AF no se limitan a la producción; son múltiples los servicios que brinda a la sociedad: el cuidado del ambiente; la alimentación propia, de sus comunidades y territorios; generación de trabajo agrario y no agrario; base para el desarrollo local, la preservación de la cultura, el poblamiento del territorio, el cuidado de las fronteras, etc. Esto podría multiplicarse con las políticas que nos están faltando.

En un mundo globalizado -sometido a la dinámica de algunos estados y los grandes grupos que manejan los mercados- y con las inciertas consecuencias del Cambio Climático Global- construir un desarrollo más justo y sustentable exige pensar más allá de nuestras fronteras y de la coyuntura. El control de la alimentación y de la vida en los territorios es fundamental, por lo que una “agricultura con agricultores” permitiría generar trabajo digno, cuidar los bienes naturales y democratizar la producción; generar y promover el acceso a alimentos saludables a toda la población.

La complejidad de la AF excede lo técnico productivo, aunque ésta, sea una dimensión muy importante. Hay que pensar en políticas diferenciales que faciliten el acceso y democratización de los bienes naturales (tierra, agua, semillas, etc.), a la tecnología y a los mercados, pero también en políticas de salud, educación, saneamiento, comunicación, participación, etc. que posibiliten el “buen vivir” de las familias que permanecen y de las que busquen asentarse.

Nuestros derechos y el bien común no puede quedar en manos de los pocos que manejan los mercados e intentan hacerlo con la ciencia y la tecnología. Por eso se necesita planificar participativa y estratégicamente el cuidado de la vida y el ambiente. Esto implica también la formación de técnicos humildes, educados para la vida, críticos, con capacidad de diálogo y comprometidos con la equidad, la sustentabilidad y la soberanía alimentaria.

Esperamos que la SEMANA DE LA AGRICULTURA FAMILIAR en la FAUBA, del 12 de noviembre en adelante contribuya a hacer más visible la problemática, más fuertes los compromisos y más articuladas las búsquedas.



Redacción

CALISA FAUBA


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