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24 de marzo en la Facultad de Agronomía-UBA. LA VIDA RECLAMA


Los 24 de marzo son días de MEMORIA Y JUSTICIA alrededor de hechos de un período histórico que nos marcó profundamente y que también vivimos en la Facultad de Agronomía de la UBA. Hoy lo rememoramos inmersos en un contexto -agudizado por la cuarentena- que hace evidente la crisis civilizatoria que vive el Planeta y Argentina.

Por eso esta nueva conmemoración constituye una buena oportunidad para volver a preguntarnos ¿Qué pensaban, hacían y proponían los estudiantes y docentes de la FAUBA hace 45-50 años, antes de que volvieran aquéllos a los que en 1973 contábamos “Se van, se van, y nunca volverán”? ¿Qué Facultad querían los reprimidos, desaparecidos y asesinados de esta Facultad, para contribuir a la construcción de un país más justo y soberano? Para eso ¿Qué se proponían cambiar en la Facu?

¿Qué sentirían y harían hoy esos luchadores por la vida?... en una patria más desigual, con creciente exclusión, donde el alimento es una mercancía a la que muchos no acceden, crece la “malnutrición” y más del 60 % de los niñxs son pobres. Una patria con el 90 % de la población urbana y campos vacíos, con menos biodiversidad, más degradación y contaminación ambiental y urgencia para acordar un modelo de desarrollo que incluya a todxs. Nuestra “casa común” en el Planeta Tierra, es cada vez menos común y más dependiente del salvajismo de los poderosos.


En la década del 70

Muchos nombres que recordamos particularmente los 24 de marzo son parte de la historia de la FAUBA, animadores de un proceso -del que fuimos parte- o que sentimos como parte de nuestra historia. ¿En qué y cómo se expresarían ahora la vida y los ideales de nuestros compañerxs de los 70? ¿Cuáles serían las preguntas a las que intentarían dar respuesta en una Facultad cada vez más urbana, diversa y con más desafíos? ¿Cuáles sus prioridades? ¿Qué nos estarían diciendo en relación a los derechos humanos, a los bienes naturales, a la alimentación y al cuidado de la vida?

Muchos de ellos eran militantes del CEABA, agrupaciones estudiantiles, gremiales, sociales o políticas, pero a su vez -como parte de ese compromiso con la FAUBA- integrantes de los equipos docentes de diversas cátedras; muchos lo fueron en las Cátedras del primer año introductorio a la carrera de Agronomía que impulsaron en los debates del nuevo Plan de Estudios puesto en marcha. Allí abordaban el vínculo de los contenidos específicos con la ciencia, la tecnología y la realidad nacional, atentos a las demandas del desarrollo y al futuro de los sectores con menos recursos. Pero no solo se trataba de “enseñar”, sino de promover métodos y espacios de diálogo y reflexión que permitieran expresar las voces de los estudiantxs, facilitando el diálogo entre éstos y con sus docentes, aprendiendo juntos, estimulando la participación en la vida universitaria y comunitaria.


Medio siglo después

Hay avances, retrocesos y contradicciones, pero la siembra dio resultados; somos una Facultad mejor, pudiendo reconocerse en su comunidad actores consustanciados con los objetivos y valores de la generación de los 70… aunque no sean fáciles los encuentros que permitan compartir saberes, experiencias, objetivos y actividades.

Sin ánimo de excluir o discriminar recocemos en la comunidad de la FAUBA numerosos participantes en los cambios, entre los que destacamos agrupaciones estudiantiles, de docentes, no docentes y graduados; Grupos de Estudio y Trabajo-GET; Programas y Proyectos comunitarios en distintos territorios, y/o con diferentes poblaciones; grupos de pasantías, de derechos humanos y de género; cátedras optativas; cursos inter y transdisciplinarios; propuestas pedagógicas innovadoras; etc. Todo ello sostenido con niveles importantes de trabajo voluntario y no siempre integrados a la curricula.

Consideramos que también la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria-CaLiSA es -desde hace 10 años- parte de ese proceso.


La vida reclama

¿Qué tiene en común ese diverso espacio transformador de la FAUBA que se encuentra fraternalmente los 24 de marzo? Con mucho por articular, nos parece que nos une:

-la identificación y valoración de la diversidad agraria y rural, resultante de los distintos agroecosistemas, modelos productivos, culturas, actores y políticas públicas;

-la manifiesta indiferencia ante el Cambio Climático y sus consecuencias;

-el reconocimiento de la crítica situación alimentario-nutricional y de salud de nuestra población; esto es así, aun con disímiles grados de cuestionamientos a un sistema agroalimentario motorizado por la ganancia inmediata;

-el análisis crítico del modelo de crecimiento y desarrollo agropecuario hegemónico, y la necesidad de consensuar estrategias y políticas de largo plazo para revertir la situación actual, avanzando en un desarrollo económica, social, ambiental, cultural, política y éticamente sustentable;

-la necesidad de impulsar el debate acerca de la agroecología, a nuestro entender uno de los pilares -conjuntamente con la economía social- para construir una patria más justa y solidaria;

-la importancia de una sociedad consustanciada con la preservación y función social de los bienes naturales, de un sistema de ciencia y técnica que priorice el bien común y de una formación que eduque para la vida.


En este momento tan especial de nuestra historia sentimos que los luchadores por la vida nos reclaman MEMORIA Y JUSTICIA, pero también acción. Con honestidad -actuando localmente, pero pensando globalmente- estamos en condiciones de aportar al derecho de nuestro pueblo a definir sus propias políticas y estrategias de producción, distribución y consumo de alimentos, a fin de garantizar una alimentación cultural y nutricionalmente apropiada y suficiente para todxs.


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